Melissa iba en su automóvil por la carretera cuando de pronto vio a un pequeño gatito solo, desnutrido y con muchas heridas, rogando por ayuda.
Ella inmediatamente paró y lo subió a su auto para llevarlo a un veterinario. En el lugar le dijeron que lo mejor sería sacrificarlo porque no tenía posibilidades de sobrevivir.
Tenía todas las heridas infectadas y estaba muy débil, pero Melissa no pudo hacer lo que los médicos le decían y decidió darle una segunda oportunidad.
Lo llevó a su casa y junto a su familia le dieron los cuidados y el amor necesario para que Smeagol poco a poco retomara las fuerzas, la energía y la salud.
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Al cabo de unos meses la mandíbula del gato se recuperó completamente y no necesitó cirugía.
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Ahora vive feliz junto a las otras mascotas del hogar y se lo pasan de maravilla.
Todo gracias a la noble acción de Melissa.
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